22 de octubre de 2007




Mañana y vacío.

La luz da de lleno en los edificios eternos y simétricos, y cubre el polen invisible, el humo, los sonidos, el viento - hace de todo un cristal a punto de romperse, pero sólido como la realidad - ; conviertiendolos en inexpresivos moldes de la vida que se asoman, mas bien se imponen, sobre el asomo humano, en alturas destinadas sólo al aire. Separados entre sí por escasos metros en los que la luz no entra y se arremolina la quietud, forman una trama de precipicios inobjetable, inmovil e inmovible, que absorve el aire petrificandolo, que puebla el suelo y se extiende por debajo de él.

Ahi va! Desde lo alto de un tanque de agua en el edificio mas alto y roído, salta el pájaro y se deja caer. Todo queda suspendido, el aire mudo, la quietud más quieta que nunca, hasta que sus alas se abren y lo inobjetable se derrumba bajo su vuelo; desaparece la certeza, desaparece la luz, los árboles y el suelo, hasta que sus patas se posan al borde de otro precipicio.
Mira las ventanas, todo es un juego de luces y sombras sobre montañas geometricas que quedarán siempre ahí, mientras, en realidad, todo desaparece.






21 de septiembre de 2007


Sueños.

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Un ascenso de piedras y de cortadas para encontrar al niño-perro que terminó cayendo montaña abajo, aplastándose contra el suelo arcilloso para luego rebotar sólo unos centímetros hecho ya una masa uniforme que se mimetiza con las plantas del lugar.

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Una ruta que veo desde lo alto de una pendiente: la ruta no se ve, sólo se ven las líneas blancas intermitentes como si alguien hubiese cortado la luz a los costados. Y en el fondo, recortado por cerros que son contraste, veo al cielo en llamas, colorido de amarillos y verdes, pero con el movimiento propio del fuego.

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El mar creció de un momento a otro, se embraveció con corrientes que despertamos al nadar cerca de uno de sus cuatro fines
(cuatro paredes que jamás se ven y que en sus comienzos se erguían sobre las aguas, pero el mar ha crecido muchas y nunca volvió atrás).
Y yo la veía despojándose de su piel y sus huesos que quedaron flotando como una prenda mientras ella se hundía cada vez más en su propia esencia.

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De las lluvias frías y patéticas de ese costado azul (y frío) nacían lagunas, mas bien charcos con barro, que se extendían mas allá de lo que se podía ver. En el medio, todo eso reunía en un gran estanque.
-Los demonios esperaban detrás de las montañas que parecían formar un todo; quebradas, valles y bosques enteros como una imponente masa verde allá a lo lejos-

Y en ese estanque él se hundía como una piedra, y conciente de las profundidades oceánicas del mismo, estiraba los brazos como su desesperación y alcanzaba el borde recto de piedras, y alucinado de alegría se lanzaba de nuevo hacia las oscuras aguas llenas de hojas, pequeños remolinos como señales de lo que dormía abajo y un niño que cantaba y nadaba tibiamente; y él se hundía, y detrás de las montañas emergían miles de demonios con colores sinfónicos y rugidos llenos de demencia y contradicciones, y sin querer ver ni oír se iba desencajando hasta ser otro, hasta estar en otro lugar.

De las piernas que aún patalean en el agua del estanque suben oleadas de frecuencias, de presiones y compresiones, y su realidad acuosa se vuelve firme de repente.

El Segundo:

Es un segundo solamente, pero en él comprende sus propios ojos, los examina lentamente y se enamora de ellos y sonríe, de a poco su sonrisa pierde fuerza y una nueva y terrible luz invade sus gestos (el lenguaje de la nada-el todo lo atraviesa por un instante) y el puede ver el paso del tiempo, y la esencia misma de los sentimientos y cosas indecibles en el traspaso de su sonrisa a la seriedad, que cae como una avalancha de poros, grasitud y ojeras, así como de años y nubes veloces cargadas de cielo húmedo y oscuro.
Es un segundo solamente, pero en él también recuerda los edificios ya no como una masa uniforme, recuerda el propio temblar de cada uno, eran gigantescos muñecos rígidos, cada uno con su propio espacio y edad, cada uno resaltando con dramatismo de los otros, eran rencorosos, extremadamente inteligentes e irónicos; en cuanto veían ojos sin miedo a diferenciarlos echaban sobre ellos la peor de las actuaciones, la de un derrame onírico sobre sus bien disimulados movimientos.
Es un segundo solamente, pero también en él el contraste de un árbol de noche integra su desdoblamiento: por un lado las raíces crecen en su antebrazo y emiten destellos rojizos que proyectan largas sombras sobre la alfombra al morir algunos en sus pelos; por otro lado, la corteza marrón y opaca se resquebraja y estalla en un desenfreno de polvo que materializa la luz en el aire y la hace densa y aleatoriamente danzante, dejando ver cosas en donde no había nada.
Es un segundo solamente, pero también lo acerca a un fin para comenzar al medio. en donde nada había resuena mejor su alma y no siente ya el agua del estanque. relámpagos disipan una nube de polvo, y desde el medio de su pecho fluyen ruidos que cortan al agua y sus hojas y sus profundos remolinos, y muestran el vacío: el desdoblamiento gira frenéticamente a lo lejos, pero se acerca presa de una velocidad como de pensamientos y se posa frente al vacío.
Y él toma el lugar del vacío, y el desdoblamiento gira apenas y lo refleja, y todo queda en blanco por un instante.





7 de septiembre de 2007


Las piernas descansan por FIN.


Un pedazo de aire es un retazo de consonancias
el crédulo fulgor de la mañana es lo que llaman cielo
de los retazos a los pedazos vuelan los fulgores
el crédulo cielo se transforma en mañana consonante
y de todo este caos invisible
chorrea el color que vuela y de un momento a otro
se transforma en realidad.


13 de agosto de 2007


Lenguas.


La lluvia no existe, pero igual suena en sus mentes y en sus ganas. La luna se va tornando testigo con el correr del tiempo, aunque sea una testigo milenaria y aún premedite premoniciones que se introducen en el hombre como un vapor con el cambio de las mareas. Y Esas están invisibles detrás de una ventana que se ve desde la calle.
Las lenguas se lamen los labios, danzan en el aire y vuelven a caer en el abismo de las bocas, buscan los dientes, se encuentran y se raspan, y se acarician suavemente. Entonces una sube por la mejilla, y con una voltereta impulsiva lame todo el ojo; las pestañas que sólo conocen de lágrimas salen volando como aves en el detalle de un cuadro. La lengua cae como detenida nuevamente a la danza de sombras y piel, pero sabe que ha dejado atrás al ojo-lamido.

El ojo-lamido se despierta en lo alto de lo que parece ser un espíritu blanco, un poco verde, con agarraderas de metal en su sustancia impredecible. La luz de una alarma interna lo condena a saber: no es un ojo que ha sido lamido, ni es que ha lamido un ojo; el ser, su ser, que flota por encima de “lamer” y de el “ojo”, se ha comprimido para luego abrirse violentamente, y con esa fuerza de atracción los ha tomado como satélites naturales, como lunas grises e inertes, que sin embargo respiran allí abajo.


4 de agosto de 2007


El color.

El color cae desde un pincel que flota en el cielo, miles de sentimientos se amontonan detrás de dos ventanas inmensas con forma de ojos, y el tiempo se para, y queda suspendida la lluvia para luego de los suspiros, y entonces el color termina de caer, y explota al tocar la piel del suelo. Sus aguas traen árboles de pestañas, y de estos árboles, delicados universos paralelos, las nubes toman el néctar que las mantiene pegadas a nuestros pies, y el tiempo se para, y queda suspendida la lluvia para luego de los suspiros, y el color se seca, y de a poco ciertos miedos del aire comienzan a patinar sobre las costra celeste que se extiende en el suelo.
De la costra se levanta un viento azul oscuro, y se cierran los ojos del reloj que termina por dormirse con la piel hirviendo, tristísimo. Pero los árboles sostienen su sueño; de la ebullición total de las cosas se desprende el conocimiento del animal que enmudece en nuestras manos.






Dos, cuatro...millones.

Dos disonancias los sobrevolaban; se mantenían inmóviles durante el lapso en el que se dormían en el aire, y al despertar comenzaban de nuevo a moverse frenéticamente, batiendo el humo de todas las cosas que no se decían allí abajo.
Ellos caminaban ignorando la batalla que se libraba sobre sus cabezas apenas se besaban o se miraban, iban de la mano, pero los separaba el abismo de sus mentes y percepciones. Por eso, al pasar por debajo del puente Pacifico, a él le venían ganas de salir volando y llorando hacia un amanecer en el que estuviese todo hecho, y así quedarse observando, sin nada para hacer; y a ella se le explotaba la espalda, y miles de ojos, de pájaros, árboles, y trenes se le juntaban lentamente en los labios, como una garúa de invierno que termina en inundación. Hasta que uno de ellos lograba salir, y se miraban a los ojos y se besaban, y las disonancias se abrazaban hasta formar bocinas, y así de a poco volvían los colectivos a formar parte de todo, y un edificio más allá, y la plaza enorme rodeándolos, incluyéndolos en ese cuadro imposible que es, en su totalidad, Buenos Aires.


28 de julio de 2007


Ella.


Ella se viste con un vestido a rayas
como el sol que se filtra por las persianas
ensombreciendo su piel con luz.
Ella se viste
se llena de cosas como el día y las palabras
y navega el tiempo como si fuera calles de tierra
que desembocan en el río o en sus ojos.
Ella despierta
y desnuda
la mañana viene a besarnos entre sábanas.