La nada.
Una luz cae hacia sí misma con la fuerza animal de los impulsos nocturnos, serenos andenes del tiempo que pasa más lento en los sueños. Y mientras desciende (ascendiendo) el sol la acompaña hacia los fines del mar, y con él, hacia las arrugas de un cielo celeste que en realidad es nada.
28 de julio de 2007
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