28 de julio de 2007


La piel del aire.

La piel del aire se parece a nuestra risa en estos últimos días de julio, y se parecen los autos a una interminable comedia de errores y arrepentimientos.
Ellos doblan y frenan, y se apuran con el sentido y el organismo del reloj, y nosotros, por dentro, insinuamos quedarnos dormidos, recién despiertos, pero lo que hacemos realmente es correr hacia el agua, o hacia la tierra que va ganando a las veredas, hacia esas cosas que nos devuelven a nuestra materia insustituible:
El corazón.
Como un pulpo en tempestades secretas, bombea el líquido que cae con las nubes temblorosas (que caen) sobre los supuestos de estas repeticiones disfrazadas de personas y hasta de perros, pero que son contenedores de la nada.
(Que sólo llegamos a vislumbrar entre sueños y minutos nocturnos, entre manoteos en la oscuridad y aún en los ojos de algún niño, que al haber nacido hace menos tiempo, y por lo tanto está mas cerca de la muerte, nos atrae como hacia un abismo en el que nos damos cuenta que hace tiempo estamos perdidos.)




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