22 de julio de 2007
Un mar.
Los pliegues de la mañana tapan el aire de aquel mar. Se lo ve lejano, invadido de gaviotas como fantasmas de la tormenta, con los brazos calmos, con esas costas como manos extendiendose hacia lo que no existe, hacia lo que no se puede ver.
Y justamente, aca se respira algo que viene desde esos territorios inexistentes, o que no se pueden ver, aunque pasan las nubes blancas como siempre se siente que sus reflejos, profundos y luminosos, al llegar al fondo de ese mar descubren todos los miedos adheridos a las piedras de ese otro mundo, en forma de nubes acuaticas, o con todo el oxigeno en sirenas de otros tiempos; y al ser descubiertos, estos, después de un viaje interminable hacia este otro mundo, nos rozan y nos llenan la boca y el alma de palabras que ni siquiera conocemos.
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1 comentario:
yo soy del rìo, pero..
la sensaciòn refrescante ese dìa vino delmar.
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