4 de agosto de 2007


El color.

El color cae desde un pincel que flota en el cielo, miles de sentimientos se amontonan detrás de dos ventanas inmensas con forma de ojos, y el tiempo se para, y queda suspendida la lluvia para luego de los suspiros, y entonces el color termina de caer, y explota al tocar la piel del suelo. Sus aguas traen árboles de pestañas, y de estos árboles, delicados universos paralelos, las nubes toman el néctar que las mantiene pegadas a nuestros pies, y el tiempo se para, y queda suspendida la lluvia para luego de los suspiros, y el color se seca, y de a poco ciertos miedos del aire comienzan a patinar sobre las costra celeste que se extiende en el suelo.
De la costra se levanta un viento azul oscuro, y se cierran los ojos del reloj que termina por dormirse con la piel hirviendo, tristísimo. Pero los árboles sostienen su sueño; de la ebullición total de las cosas se desprende el conocimiento del animal que enmudece en nuestras manos.





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